Baldomera, Bernie y las pirámides

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¿Alguien que está realizando algo por primera vez, es consciente de ese hecho? ¿Quien ejerce el papel de abre caminos, quien pisa por territorios inexplorados, se da cuenta de la importancia que esto tiene en el resto, en los que imitan, en las copias? Probablemente no.

La protagonista de esta historia, una mujer apodada “La Patillas” por el vello que afilaba su cara, y cuya vida hoy sería la envidia de cualquier folclórica con aspiraciones al mercadeo de su vida y las transacciones de lo privado, no fue consciente de ser la creadora de la estafa piramidal.

Baldomera Larra, hija del escritor Mariano José de Larra, se quedó sin padre a la edad de 4 años. Dolores Armiño, el 13 de febrero de 1837, un día antes de San Valentín comunicó al escritor su decisión de cortar por lo sano.

Mariano, que formaba parte de la corriente romántica, y que además ejercía como tal, no pudo soportar tanto dolor y se voló la tapa de los sesos con una pistola. Zorrilla, que por aquel entonces aún no había ideado los escarceos amorosos de don Juan y doña Inés, y todavía no se respiraba mejor, ni la luna brillaba con tanta intensidad en aquella apartada orilla, aprovechó, con zorrerío, el funeral de Larra para recitar una elegía que gustó tanto que se quedó con el puesto de redactor de Larra en El Español. Pero eso es otra historia…

El caso es que La Patillas creció, se reprodujo y fue abandonada por su marido, un médico afrancesado que tuvo que salir por patas de España. Entonces conoció la necesidad y el hambre atávica de la España de finales del siglo XIX. Baldomera, que ni era joven, ni guapa, ni con dinero, ideó la primera gran estafa piramidal. Prometiendo un 30 % de interés mensual, creó la Caja de Imposiciones. Largas colas de gente, en su mayoría de baja extracción social, se arremolinaban a las puertas del palacio de los Vargas, en la Plaza de la Paja, donde en su primer piso se situaba el cuartel general del latrocinio. Los intereses de los antiguos depositarios se pagaban con la entrada de los nuevos clientes y así sucesivamente. En 1876, presa del pánico, Baldomera huyó con todo el botín a Francia donde fue apresada y devuelta a España para su juicio y posterior condena a seis años de cárcel.

La ideóloga de la Caja de Imposiciones estafó a más de 5.000 personas que depositaron casi 19 millones de reales de vellón, unos 30.000 euros actuales.

Gescartera, el Forum Filatélico y Bernard Madoff son meros followers de la hija de Larra. No es de extrañar que el género literario de la novela picaresca se creara, ¡ay!, en esta España que le dolía a Unamuno y que nos exaspera a casi todos.

Como testigo mudo, el hombre sentado a las puertas del palacio de los Vargas, aguanta estoicamente los tiempos modernos, leyendo la prensa, que invariablemente muestra la leyenda “Entre todos rehabilitamos Madrid”.

 

Proyecto 40

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Hace ya algún tiempo, mi amigo el psicólogo Joaquín Pimentel y yo, nos embarcamos en un proyecto que pretendía unir psicología y fotografía. Lo bautizamos como Proyecto 40.

En él 20 mujeres y 20 hombres en sus cuarenta y tantos años de edad nos contaron cómo se sentían, cuáles eran sus inquietudes, sus retos y temores. Cada hombre y cada mujer tienen una sabiduría y una visión de la vida y de lo vivido que los hace especiales, únicos. Yo aprendía en cada sesión, siempre sacaba algo sobre lo que reflexionar, o tal vez me hacía pensar sobre determinado aspecto de otra forma. 

El proceso era siempre el mismo: le explicábamos a la persona en qué consistía el proyecto, se le formulaban una serie de preguntas tipo, y luego se le hacía el retrato. La imagen siempre era elegida de manera consensuada. Cada retrato refleja el momento vital por el que está atravesando la persona en ese determinado momento, a sus cuarenta y tantos, en esa cumbre de la vida, dónde algunos tal vez sienten que ahora comienza un lento descenso o quizás otros sigan empujando la roca hacía arriba, como Sísifo. El retrato es un desnudo de cintura para arriba, ya que es lo que ves cada mañana cuando te levantas y te miras al espejo del cuarto de baño, esa es la imagen a la que cada persona se enfrenta todos los días y que va cambiando paulatinamente aunque nosotros no seamos conscientes de ello. 

Cada imagen intenta reflejar la verdadera personalidad de cada retratado, huyendo de la pose y del erotismo que podría suscitar un desnudo parcial, sobre todo en una mujer.

Hubiéramos querido montar una exposición con los 40 retratos, pero después de solicitar alguna ayuda o beca las respuestas siempre fueron infructuosas.

Desde aquí queremos agradecer a todas las personas que participaron en el Proyecto 40. Hemos aprendido de todas y cada una de ellas. Mil gracias.

Solvitur ambulando

Solvitur ambulando

Tengo ciertos prejuicios sobre la gente que cita en latín, o más concretamente, sobre la gente que resuelve un dilema existencial con el muy manido “Carpe diem”, que vale para un roto y como no, para un descosido. Y es abundante verlo en algún estado de whatsapp o escucharlo en algún rincón oscuro a horas demasiado intempestivas, horas en las que los hielos ya están derretidos o está sonando la balada que anuncia el cierre del garito, que si hay suerte es de Tom Waits. Y sales tambaleándote, y una mano se apoya en tu hombro con firmeza, y adviertes que tu compañero de farra mendiga compañía para una última copa mientras musita un “Carpe Diem”, acompañado de alguna loa a la amistad. Ese tipo de confraternidad crepuscular ese compadreo espiritual que, en ocasiones, se acompaña de cánticos que, porqué no reconocerlo, terminan como el rosario de la aurora, entendiendo ese rosario y esa aurora como un par de litros de agua, un ibuprofeno y un “a mi dejarme tranquilito”.

A ese latinajo hay que añadirle “Tempus fugit”, el tiempo se nos va, amigos, se escapa, se acumula en pequeñas porciones sobre nuestras cabezas, y cae como cascotes cuando las frágiles estructuras que lo sostenían se desvanecen al escuchar la edad de alguien que estaba en el fondo del cajón de tu memoria. Adquirimos consciencia del tiempo por comparación.

Los pensamientos obsesivos, las preocupaciones sin fundamento o esa pesadez existencial que en ocasiones se une a la fiesta sin que nadie la haya invitado, se soluciona caminando, “Solvitur ambulando”. El bosque favorece un cambio de perspectiva, de una pantalla de 7 pulgadas a unos likes reales,  de aumentar una foto usando dos dedos a abrazar un árbol con ambos brazos.

“Memento vivere”  ¡Recuerda que estás vivo!